
Preludio del silencio que inquietante oscila entre ilusiones tenebrosas. Indicio de las sombras sigilosas, ocultas en tu anhelo palpitante.
Percibes mil latidos por instante temiendo a creaciones engañosas, y añorando epopeyas vigorosas conviertes tu razón en delirante:
"¡Espíritu!, protégeme del llanto, de males, de quimeras; que mi mente no puede detener ya mi quebranto."
Un eco que se escucha eternamente, el inicio y final de un mismo espanto. Un grito de dolor y horror demente.
Antuán Jalil 30/07/2009
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